Acá no mirás las cataratas: te metés adentro. Las pasarelas argentinas te llevan por encima y entre los saltos hasta el borde mismo de la Garganta del Diablo, donde el agua se desploma con un rugido que sentís en el pecho y la niebla te empapa entera. Coatíes curiosos, tucanes y mariposas completan el paseo por la Selva Atlántica. Una de las siete maravillas naturales del mundo, vivida de cerca.
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