Un oasis de verdad, sacado de un cuento: una laguna verde rodeada de palmeras en medio del desierto de Ica, con dunas de más de cien metros cerrándolo por todos lados. En Huacachina subís a un buggy que vuela por la arena, bajás las dunas en sandboard y, justo cuando el sol se pone, todo se tiñe de naranja. Pequeño, surreal e inolvidable.
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