Un valle de 155 kilómetros donde las montañas parecen pintadas a mano. En Purmamarca, el Cerro de los Siete Colores cambia de tono con la luz del día; en los pueblos de adobe, la historia precolombina y colonial se respira en cada esquina. Subís entre cardones gigantes, escuchás quena a lo lejos y comés una empanada salteña al sol del altiplano. El noroeste argentino, Patrimonio Mundial, en estado puro.
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