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Monte Albán
Una ciudad zapoteca construida sobre la cima de una montaña aplanada a mano, hace 2.500 años. Desde la gran plaza de Monte Albán girás 360 grados y ves el Valle de Oaxaca entero a tus pies. Las plataformas, los templos y un observatorio alineado con las estrellas revelan lo avanzada que era esta civilización. Patrimonio Mundial, y de los miradores arqueológicos más impresionantes de Mesoamérica.
Zona Arqueológica de Tulum
Las únicas ruinas mayas frente al mar Caribe, encaramadas en un acantilado de 12 metros sobre agua turquesa. En Tulum, El Castillo vigila la costa donde antes llegaban las canoas comerciales mayas. Recorrés el sitio entre iguanas al sol y, cuando terminás, bajás a la playa que se extiende justo debajo. Historia y Caribe en la misma postal: por algo es el ícono de la Riviera Maya.
Chichén Itzá
Una de las siete maravillas del mundo moderno, y el sitio maya más visitado de México. El Templo de Kukulcán guarda un truco que deja sin aliento: en cada equinoccio, la sombra del sol dibuja una serpiente que baja reptando por la escalinata. Caminás entre el juego de pelota, el cenote sagrado y un observatorio de hace mil años. Patrimonio Mundial que sigue revelando la genialidad astronómica maya.
Teotihuacán
La ciudad donde, según los mayas, los hombres se volvían dioses. Subís los empinados escalones de la Pirámide del Sol —la tercera más grande del planeta— y desde arriba ves la Calzada de los Muertos extenderse recta hasta la Pirámide de la Luna. Cuesta creer que esto fue, hace casi dos mil años, la metrópolis más grande de toda América. Caminar por Teotihuacán es caminar por un misterio que aún no se resuelve.
Barrancas del Cobre
Seis cañones más grandes y profundos que el Gran Cañón, y casi nadie afuera de México los conoce. Las Barrancas del Cobre se recorren a bordo de El Chepe, uno de los trenes más espectaculares del mundo, que baja desde los pinos de altura hasta el calor subtropical del fondo. En el camino viven los Rarámuri, famosos por correr ultramaratones en huaraches. Tirolesas, miradores de vértigo y paisaje sin fin.
Cascadas de Agua Azul
Agua de un turquesa casi fluorescente cayendo en escalones, en plena selva de Chiapas. El color de las Cascadas de Agua Azul viene de los minerales disueltos en el río, que pintan cada poza de un azul imposible contra el verde de la jungla. Te bañás en las pozas tranquilas, caminás junto a los saltos y entendés por qué es de los rincones más fotografiados del sureste mexicano.
Hierve el Agua
Cascadas que parecen congeladas en el tiempo, colgando del borde de un acantilado en Oaxaca. En realidad son piedra: el agua mineral lleva milenios depositando carbonato de calcio hasta formar estas cascadas petrificadas. Te metés en las pozas naturales del borde, con el valle oaxaqueño extendiéndose 200 metros abajo. Al atardecer, la luz dorada sobre la roca blanca es pura magia.
Cenote Ik Kil
A unos minutos de Chichén Itzá, un pozo sagrado de 60 metros de ancho abierto en la roca. Bajás por escaleras talladas hasta una plataforma y te lanzás a un agua color jade, con raíces colgando desde 40 metros arriba y peces nadando alrededor. Los mayas consideraban estos cenotes la entrada al inframundo. Refrescante, fotogénico y la mejor recompensa después de recorrer las ruinas bajo el sol.